Deia. Y la sorpresa, no tanta, se hizo carne. Lo dijo Olaizola II hace tiempo. Se construyó en el frontón Bizkaia de Bilbao, coronando a un peón con alma de artista en territorio de monarcas. Fue un delirio artúrico de Jokin Altuna en lo alto de un volcán repleto de sentencias. Su pelotazo por la pared fue el águila que le mordió el costado a Prometeo, al que le despedazaba, día a día, atrapado en el tiempo. El verbo se hizo hueso y piel y torturó a Aimar Olaizola, el rey en la montaña, que terminó trasquilado en una batalla de guiones que fue una nueva vuelta de tuerca al Manomanista. Altuna III vestirá de colorado todo el año y tiene un hueco en la historia, de la que su rival ya posee cuatro capítulos. Se empiezan a escribir nuevos renglones.
Altuna III toma la palabra
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