Iker Irribarria, el vencedor del Manomanista más joven de la historia, se despide de la pelota a los 26 años con el frontón Atano III de Donostia rendido a su figura en un sentido homenaje
Un pañuelo colorado se ata en el gaznate de los aficionados como si fuera una profunda metáfora. Como a Iker Irribarria se le anuda la garganta al notar el calor de un Atano III de Donostia a reventar y todas las sensaciones de dos meses “malísimos” se diluyen como arena entre los dedos. Ya lo había dicho: “Espero una montaña rusa emocional”. No era para menos. El festival de este sábado era especial. Era un homenaje a su figura, honor a la sombra gigante del campeón del Manomanista más joven de la historia, con una zurda con el brillo de un diamante.