Deia. “Sonríe un poco”, le dirán al Cuatro y Medio, porque tiene la mandíbula apretada, tensa. El Cuatro y Medio es una colisión de locomotoras al plantear la cohabitación en espacios reducidos. El frontón completo es una quimera que combate con el onirismo del acotado. Todo se iguala. Todo se comprime. Todo se acerca. Menos fisuras. Menos certezas. La incertidumbre engorda en la jaula, seria por la escasez de oxígeno en un mundo abisal a pesar de tener la vitola de ser más ligera que el Manomanista. No es así la exigencia, gigantesca, demoledora, en la necesidad de esquivar las esquinas de una modalidad áspera como mil lijas.
La caprichosa sonrisa del Cuatro y Medio
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